En la tradición celta, el solsticio de invierno —Yule— marca el momento más profundo de la oscuridad y el nacimiento de la luz. Entre el 20 y el 23 de junio en el hemisferio sur (diciembre en el norte), la noche más larga del año anuncia que los días volverán a crecer, trayendo luz, esperanza y renovación. Este año Yule es hoy, 21 de junio. Y, acá estoy, domingo 00.12am compartiendo esta nota con vos.
Yule
Como todas las celebraciones celtas, está basada en los ciclos de la vida en la Tierra como parte del Todo, siendo compañera del Sol en todos sus ciclos y siendo la portadora de sus dones, haciendo posible la magia de la vida.
Es una fecha muy importante para la magia práctica. Es momento (breve pero intenso) de soltar todo el control sobre lo mágico y lo mundano y esperar a que pase. Sí, no hacer nada.
Quizás en los últimos días te sentiste desbordada, sensible, intensa… sobre todo físicamente. A mí me dio un rush en la nuca y recién ahora, escribiendo esta nota, acabo de darme cuenta de la influencia que esta fecha puede tener. Porque Yule es el portal que se abre luego de atravezar un tunel oscuro, nos pide humildad y confianza, aceptar la intuición y abrazar la fe de los nuevos comienzos… y cuando tenemos un hemisferio izquierdo algo dictador, ok… nos da un rush – jaja.
Simbolismo espiritual
El renacimiento del Sol: Los antiguos celtas temían la pérdida de fuerza del astro, pero celebraban su retorno como el “Niño Sol” que renace del vientre de la Madre Tierra.
La batalla de los Reyes: El Rey Acebo, guardián del invierno y la oscuridad, cede su lugar al Rey Roble, señor de la luz y el renacimiento, quien gobernará hasta el solsticio de verano.
La deidad del invierno: La Cailleach, anciana sagrada de la mitología gaélica, encarna la fuerza del invierno, los valles helados y la tierra firme.
Rituales y magia simpática
Los celtas practicaban la magia simpática: imitar los ciclos de la naturaleza para atraer abundancia y protección.
El tronco de Yule: Un inmenso tronco de roble o pino, decorado con cintas, ardía durante doce horas para darle el calor y la fuerza necesarias al Sol agotado para que vuelva a renacer.
Plantas sagradas: Acebo, hiedra, muérdago y pino simbolizaban la vida que resiste a la muerte invernal. El muérdago, cortado con hoz de oro por los druidas, era amuleto de sanación y fertilidad. Por esto la costumbre de que las parejas se besen bajo una rama de acebo (muérdago), para recibir los dones de la salud y la fertilidad.
Vigilias y hogueras: Se apagaban los fuegos locales para encender una inmensa pira central. Las familias velaban en silencio hasta el amanecer, celebrando luego con cantos y banquetes la llegada de la nueva luz. ¡Lo escribo y siento la alegría que esas gentes pudieron haber sentido, su música y festejos! Cuando hemos perdido la magia de celebrar la vida. Debemos recuperar esa memoria para volver a ser plenos, celebrar cada ciclo por el solo hecho de estar siendo testigos y protagonistas de la maravilla, siendo la maravilla.
Hoy, mientras el Sol renace, regalémonos un instante de silencio y gratitud. Basta con estar presente en el aquí y ahora para confiar en que cada comienzo trae confianza. Y cuando la luz regresa, recordemos también la alegría de celebrar juntos: encender nuestras propias hogueras, cantar, compartir y recuperar la memoria de que somos protagonistas de la magia de la vida.
Dato: en Argentina el solsticio comienza a las 05:24am, digo por si podes mirar al este… quizás no ves la luz pero, estará.
Somos semillas que necesitamos la tierra para crecer y la luz para florecer. – Gaby



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