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Virgo – análisis y comprensión para salir al mundo

Jun 24, 2026

—

por

en Astrología, Sincronicidad

¿Recordás quién eras en la era anterior? ¿En la estación anterior de este viaje?

Leo, eras quien avanzabas con cuernos, piel y alas, alejándote de lo conocido. Llegaste a un claro y subiste una colina. Desde lo alto, a la distancia ves la aldea que dejaste para ir en busca de tu identidad. Nadie antes llegó hasta allí. Te invade la alegría y danzas, honrando las cuatro esculturas que ves: toro, león, águila y figura humana.

El sol brilla potente, tu corazón late con plenitud. Te erguís y gritás con fuerza: «Yo soy Yo». Ese grito vibra en tu cuerpo y alma, reafirmando tu identidad. Sos Leo: pasión, confianza, fuerza vital. El segundo portal de la energía del universo.

Ahora toca reflexionar sobre todo lo vivido hasta acá, sobre el viaje y los dones que descubriste y sumaste a tu equipaje. Llegás al final del primer tramo, la última parada del hemisferio interior.

Saliendo del hemisferio interior, analizando lo vivido

Estás en el camino, ese que tomaste al bajar la colina, y ves a Leo.

Un ser ataviado con los inmensos cuernos del toro en su cabeza, sus hombros cubiertos por la piel del león y sus fuertes alas de águila en la espalda. Consciente de su poder, camina erguido por el sendero.

Camina a través de un gran trigal dorado que ocupa casi toda la superficie que la vista puede alcanzar. En su camino acaricia las espigas, conectado con toda la vida que guardan dentro esas semillas.

Levanta la vista y ve unas montañas inmensas, un cordón que cerca el valle donde, muy lejos ya, quedó la aldea de la que salió. Ves a Leo parado al pie de esas montañas: mira hacia arriba y comienza a subir. Decidió dejar el valle para seguir descubriendo qué hay más allá.

Lo ves afirmándose seguro en cada roca, escalando con toda su fuerza y decisión.

De pronto resbala, pierde el control y cae por la ladera. Se ve golpeado y desalineado. Podés sentir lo que siente: frustración, impotencia. Lo sigue intentando y, luego de mucho volver a empezar, acepta el sentimiento de que no podrá ir más allá.

Podés sentir esto porque ya sos el personaje. Estás frente a esas montañas altísimas y empinadas, y sentís que será imposible subirlas. Aceptás quedarte de este lado, del lado del valle con el trigal. Al aceptar esto, te invaden unas fuertes ganas de tirarte en la tierra a descansar, de ser uno con ella.

Te tiras en la tierra y querés ser parte de ella. Te acurrucás sintiendo esa energía. Pasa el tiempo y comienza un proceso transmutador. De pronto, algo te hace cosquillas en la garganta, como si algo quisiera salir. Al abrir tu boca, sale de ella un hilo de plata con el que decidís envolver tu cuerpo, hacés un ovillo siendo vos el centro.

Sentís cómo ese hilo da vueltas y te envuelve, dando lugar a un capullo donde podés descansar. Sentís tu quietud.

Ahora podés verte desde afuera: tu capullo es en realidad una esfinge. Sus patas delanteras son las garras de un león, las traseras las pezuñas de un toro, sobre su espalda descansan las alas de un águila y su cabeza tiene el rostro de una mujer. Estás envuelto en esa esfinge. Sentís cómo ahí dentro algo vivo crece, aunque aún no sabés qué es.

Sentís cómo los ojos de la esfinge —tus ojos— miran en todas direcciones. ¡Ves todo! El trigal donde ahora hay campesinos cosechando la siembra, las montañas que lo cercan, el cielo azul, los árboles del valle… todo lo que Leo, en su camino de identidad, no podía ver.

TODO está ahí, mientras vos esperás sin moverte.

Un rayo dorado del sol invade tu vista y entra en vos, y con esa luz podés ver tu alma.

Viéndote desde afuera, dejás actuar a esa luz porque sentís cómo algo sucede en el interior de la esfinge. No lo ves, pero no es necesario porque lo sentís. Esto sucede mientras esperás —dentro y fuera a la vez—, observando hacia un lado la montaña y al otro el trigal. Esperás y ves cómo esa luz, la luz del sol, actúa sobre vos y sobre el trigal.

Ahora sos Virgo. Observás todo cuanto te rodea, te sentís parte de todo, analizando cada detalle… esperando a que algo suceda.

Comprendiendo esta energía

Virgo es el hito en el punto medio del camino del héroe cósmico. Es ese lugar por donde hay que pasar para poder continuar. Estar en la energía de Virgo es como subir a un atalaya: desde allí podemos ver todo a nuestro alrededor, incluso podemos anticipar lo que se acerca, pero no podemos hacer nada más que mirar y prepararnos para lo que viene.

Es una energía que puede generar ansiedad, porque tiende a pensar demasiado las cosas: su manera de hacer es pensar qué hacer.

Si tenés un Virgo cerca, o si sos Virgo, es probable que frases como «Te dije que no se hace así» o «Si no veo orden, no puedo ni pensar» sean parte cotidiana de tu vida. Esto es porque, literalmente, sin orden Virgo no puede estar ni pensar. Y siempre «saben» lo que hay que hacer; lo que creen no saber es cómo hacerlo bien, y por eso suelen decirles a otros qué hacer y cómo.

Sus Dones

Virgo es uno de los signos del eje del servicio. Su don es acompañar a sanar. Leo, luego de haber recorrido todo este primer tramo del camino —desde el océano hasta la cumbre de la montaña donde bailó agradecido—, sabe que lo necesita, y Virgo le propicia el ambiente para que pueda hacerlo.

Lo que nos enseña

Aceptar que no saber y no poder son parte de la vida. Y que esa vida es maravillosa aun sin ser perfecta.

Que puedas ver todo lo que necesitas para avanzar con seguridad y alegría y que eso que ves no te limite. – Gaby

Una historia basada en las visualizaciones astrológicas creadas por E. Carutti.

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Sobre el autor

Soy Gaby. Astróloga y artista, apasionada por la magia cotidiana y la sincronicidad. Trabajo con la carta natal, los ciclos lunares, la herbolaria, los cristales y el color como herramientas de autoconocimiento. También creo oráculos y notebooks de edición limitada: objetos que son, al mismo tiempo, arte y magia. Todo convive en Casa Acebo, un espacio para descubrir, transformar y conectar con tu propósito.

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Seguí cómo evoluciona la energía a lo largo del camino del Sol por cada casa y signo zodiacal. El protagonista de este viaje somos cada uno de nosotros y a su vez, somos Todos como humanidad.

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