Desde La Tierra: La Magia y los Elementos

Cada alma se vincula con los seres de Gaia según su frecuencia. En mi caso, esa conexión se manifiesta a través de las plantas, los cristales y los colores que la luz revela. No fue algo que elegí conscientemente: simplemente estaban ahí, formando parte de mi vida desde siempre.


Crecí en una casa donde convivían más de quince tipos de rosas, entre muchas otras especies. Las cuidaba mi abuela, que tenía lo que llamaban “mano verde”: decían que si plantaba una hoja de cuaderno, le crecía un árbol. Las plantas eran importantes, aunque yo no lo sabía. Eran parte del paisaje cotidiano, del juego, de la magia infantil. Con mis primos las usábamos para todo: desde escribir en las paredes con hojas de malvón rojo, rosa, fucsia y naranja, hasta crear collares hawaianos con flores de campanillas y agujas enhebradas. Incluso alimentábamos arañas con varillas secas de paraíso, después de usar sus bolitas para jugar al tiro al blanco con gomeras hechas de ruleros y globos reciclados de cumpleaños.


Años más tarde, estudié paisajismo por curiosidad. Quería diseñar un parque armónico alrededor de cinco eucaliptos magníficos y tres robles añosos. Me importaban los colores, las texturas, el ritmo visual. Ese parque, que fue parte de mi historia, también tenía hiedras, moras, azahares y acebos que crecían como en un bosque. Con el tiempo entendí que esas plantas, muchas de ellas vinculadas a la iniciación druídica, marcaron sin saberlo mi aceptación espiritual. Ellas lo sabían antes que yo.


El tiempo siguió su curso y el universo me llevó al hogar donde formaría mi familia, mi galaxia amada. Al llegar, me encontré con dos plantas mágicas: laureles y ampelopsis. Crecían solas, y si las cortabas, volvían a brotar. Durante una obra, tuvimos que quitar las ampelopsis de raíz. Cinco meses después, como si nada, cubrían un muro de cinco metros de alto por quince de largo. Ese primer verano, en medio del pasto nuevo, apareció una florcita rosa de trébol. Desde entonces, se multiplican en cada rincón de tierra que encuentran. Ya pasaron casi catorce años.


Te comparto todo esto porque cada planta que aparece en mi camino confirma el curso luminoso que marca el plan de mi alma. Esta nota inaugura una nueva sección en el blog de Casa Acebo: “Desde La Tierra: La Magia y los Elementos” Un espacio para explorar la sabiduría vegetal, la cosmología, la sincronicidad, la numerología y el zodiaco druida. Comenzaremos con un resumen de diez plantas básicas. Fáciles de identificar, de cultivar, de conseguir. Algunas incluso consideradas “yuyos”.

¿Cuáles serán las diez plantas de la primera serie?

  • Roble
  • Laurel
  • Eucaliptus
  • Trebol
  • Rosa
  • Diente de Leon
  • Romero
  • Lavanda
  • Cedrón
  • Albahaca

En este grupo de plantas hay un poco de todo, aromáticas, árboles, arbustos y yuyitos, todas fáciles de reconocer y en algunos casos que podemos tener hasta en un maceta en un rincón con luz.
Ya sea porque reconocés la magia que habita en todo, porque querés comunicarte mejor con ella, porque sabés del poder sanador de las plantas o simplemente porque te atraen sus aromas y colores… deseo que puedas conectar con estos seres maravillosos.
Deseo que este espacio te acompañe en ese proceso de reencuentro con lo verde, lo vivo, lo ritual.