Naturalicemos el volver a empezar —o no— con lo que tenemos. Con lo que quedó. Con lo que aún vibra. Porque estar en sintonía con nuestro Ser implica reconocer que hay un plan, incluso cuando no lo vemos del todo.
Lo que hay está en el presente. Lo que hay es el ahora. Eso que es.
Si vale la pena, si aún nos convoca, podemos ofrecerle un nuevo propósito. Seguir vinculados, pero desde otro lugar.
Como la losa de la foto: antes plato de frutas, hoy joyero práctico y chic. Roto, emparchado, vuelto a armar con pegamento. Quizás, si alguna parte se hubiese perdido, no habría podido reconvertirse. Pero está. Y está distinto. Y está hermosa y es maravilloso.
¿De qué hablo?
De la necesidad de trabajar internamente para reconocer cuándo un vínculo se ha roto. Y, desde esa aceptación, preguntarnos si puede transformarse. Si sentimos que sí, necesitamos amor y herramientas para hacerlo grande. Como ese joyero que, aunque reparado, no oculta que alguna vez estuvo roto.
Esto también aplica —sobre todo— a nuestra relación con nosotros mismos. Podemos sentirnos rotos, comparados con el modelo “original” que conocíamos. Y debatirnos entre repararnos para volver a ser lo que éramos, o detenernos a contemplar la belleza de esta nueva versión, con sus parches, con su historia.
La verdad es que, sea más o menos visible la reparación, siempre somos nuevas versiones. Siempre nos reconvertimos después de una rotura. Y siempre, siempre somos mejores para algo nuevo después de habernos emparchado.
Esta nota no llega por causalidad. Plutón en Acuario nos impacta de forma directa, invitándonos a reconocer —y aceptar o no— las cosas como son, con verdad y quizás algo de exageración como le gusta a Plutón, muy a lo Tim Burton. Por fortuna contamos con un trígono que hace con el Sol en Libra que suaviza esa mirada, manteniendo el foco en que el resultado nos sume armonía.
Revisando escritos viejos, buscando algo que resonara con esta energía, encontré la foto de esta nota. Es de una revista de decoración española de 1996 que guardo desde hace años. Sobrevivió tres mudanzas, mil limpiezas de armarios, perros, gato y mellizos. Hace un tiempo, buscando una nota sobre la hermana de Napoleón Bonaparte, volví a encontrarla. Y vi la losa.
Tardé en ver que estaba emparchada. En parte por la excelente producción fotográfica. En parte porque cumple tan maravillosamente su nuevo propósito que ni se nota que tuvo que romperse antes para brillar en este nuevo rol.
Porque para vivir el ahora, lo más importante es aceptar, reparar, reconvertir… o soltar el ayer.
Buena vida.
Gaby S



Deja un comentario