Helios-Apolo: el Sol arquetipo de la humanidad individual

Me escuchan mucho hacer referencia al Viaje del Sol; es un ciclo de meditaciones o visualizaciones que propongo para comprender e incorporar la naturaleza de la energía de cada signo y cómo esa energía está disponible en cada uno de nosotros como herramientas de vida que nos acompañan en cada experiencia.

Pensando en cómo explicar por qué el Sol es simbólicamente el arquetipo de cada uno de nosotros en la vida cotidiana, me vino a la mente el mito de Helios. Hijo favorito de Júpiter, desde su nacimiento fue objeto de absoluta adoración: lo que hoy llamaríamos “un niño mimado”, casi parte de la “generación de cristal”.

Pero lo interesante es que, a pesar de su divinidad, Helios tuvo que aprender que ser hijo del Sol no lo eximía de atravesar las experiencias de la vida misma. 

Antes de seguir con el viaje del Sol, te cuento sobre su historia, lo más brevemente posible:

El Sol ha sido adorado en todas las culturas como fuente de vida y conciencia. En Egipto fue Ra, en Grecia Helios y en Roma Sol o Sol Invictus.

Apolo, hijo de Zeus y Latona, nació en la isla de Delos, acompañado por cisnes que cantaban en su honor. Desde el inicio fue reconocido como dios de la belleza, de las estaciones y de la creatividad: el arquetipo del hombre elevado, espiritual y psicológico. Alimentado con néctar y ambrosía, pronto venció al dragón Pitón, símbolo de la oscuridad del invierno.

Su historia está marcada por luces y sombras: rechazado por Hestia y por Dafne —quien se convirtió en laurel para escapar de él—, Apolo aprendió que incluso la nobleza solar puede enfrentar desengaños. También sufrió la pérdida de su hijo Esculapio y fue castigado por Zeus, obligado a vivir como pastor en Tesalia, donde descubrió la humildad y la belleza de la vida sencilla.

Entre victorias y excesos, como cuando derrotó cruelmente al sátiro Marsias, Apolo mostró tanto la inspiración luminosa como los peligros del orgullo. Finalmente, regresó al Olimpo, aunque nunca dejó de visitar a los mortales, recordando que la luz solar también se mezcla con la experiencia humana.

En resumen, Apolo es el dios que simboliza la claridad, la música y la creatividad, pero también la necesidad de equilibrio: reconocer que incluso la luz debe aprender de la sombra.

¿Encuentras muchas similitudes con todas las otras deidades de todas las religiones y miradas místicas?

SI! Claro, porque el ser humano necesita desde el origen de la historia explicar sus porqués en este planeta escuela que habitamos.

Esto no significa que no cuenten, a lo largo de la historia, cada rama mística una historia real, cosas que sí han sucedido y que nos explican qué somos y para qué estamos.

Tampoco significa que sea la única verdad; solo es una forma más de ayudarnos a encontrar las herramientas arquetípicas, espirituales y humanas que cada uno tenemos y, con eso, en una valijita simbólica, salgamos a vivir nuestra vida. Porque, como repito siempre, creo que tenemos muchas vidas, pero cada una es la única e irrepetible porque es de la única que tenemos conciencia humana, en la que amamos y en la que (a veces con dolor) podemos aprender y acompañar a otros en su aprendizaje.

Buen camino.

Gaby S