Des-conectada

Estoy desayunando en mi lugar de siempre.

Una vez por semana, después de dejar a mis hijos en el cole, paso por este café atendido por un equipo de chicas geniales. Ya saben cómo me gusta el café, la temperatura justa de las medialunas y, si estoy fit, las cookies de avena con pasas o, como hoy…una tostada.

Hoy intento conectarme al wifi, sin éxito. Las chicas buscan alternativas, me preguntan si voy a quedarme o llevarme el desayuno por la “falta de conexión”. Después de varios intentos, decido quedarme. Me pido un café y una tostada. Escribo “desconectada”.

Pienso en muchas cosas. Estoy tan en la red todo el tiempo que quizás sea saludable no estarlo a las 7:40 am, al menos una vez. Pero también pienso que esta “desconexión” es ficticia. Estoy conectándome con las chicas del café, con mi desayuno, con vos al escribir esta nota, y conmigo sin tanta invasión.

El objetivo inicial de esta nota era hablar de una de las máximas de la Sincronicidad: pensar cómo queremos que pase. Parece básico, se dice mucho, pero desde la sincronicidad es un modo de vida. Requiere hábito, práctica, y una elección consciente. Saberlo no alcanza si no lo habitamos.

Esta máxima se apoya en principios del Kybalion—sobre todo como es arriba es abajo y el concepto pendular. El primero nos recuerda que si la mente es el arriba (la conciencia, el alma) y el cuerpo es el abajo (lo físico, lo que hace), entonces pensar desde la polaridad positiva puede modificar el curso de las cosas. El segundo, el péndulo, nos dice que todo lo que damos rebota y regresa. Inevitablemente.

Entonces, si como hoy, llegamos a un lugar sin wifi y teníamos que trabajar, hay dos caminos: colapsar, enojarnos, salir a buscar “conexión” (sé de qué hablo, viví mucho tiempo en ese extremo del péndulo), o preguntarnos cuál era el verdadero propósito de estar ahí. Si el objetivo era trabajar y desayunar, quizás podamos hacer algo sin estar en red. Y si no, tal vez el plan de nuestra alma era otro: conectar desde otro lugar, reordenar el ritmo.

Y así, en los ritmos del universo, sucede el chasquido. Frente a la compu sin conexión, pienso, siento: ya está. Me conecto con el Todo. Estoy acá, cuando podría haber tomado un café recalentado en casa. En cambio, estoy con las chicas que me ayudan, con el café riquísimo, la tostada calentita, el aroma, las risas. Y en lugar de un plan de gestión IT, escribo otra nota sincrónica para Casa Acebo.

Y acá estamos. Vos y yo, conectadas.

Buena vida.

Gaby


Comentarios

2 respuestas a “Des-conectada”

  1. Adoro esta nota. Necesitamos mas conexión sin wi fi. No reniego claro. Pero a veces y cada vez más, es necesario conectar de otra manera. GRACIAS ✨️

    1. Gracias Karin!!! Que lindo que te resuene y sea útil!

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