El equinoccio de otoño, sea cual sea tu fe, es un tiempo de revisión, selección y nuevos comienzos y eso siempre es motivo de celebración, especialmente en un momento de tantos desafíos para nuestra especie. Si bien el equinoccio fue el 20 de marzo, ¨las Pascuas¨ como las conocemos se celebran 46 ó 47 días después, dependiendo de cuando se forma la primera Luna Llena luego del equinoccio. De esto y su conexión ancestral te hablo en la próxima nota. Hoy te voy a contar sobre porque estas fechas tienen muchos conejos y huevos que se buscan, se recogen y se comparten para celebrar.
Como gran parte de los argentinos y latinos, crecí en una comunidad católica donde fui educada y amada. Sin embargo, con los años, la búsqueda del conocimiento y mi sentido de que debía haber “algo más” que leyes escritas por hombres, me llevaron por el camino del espiritualismo. Lo que hoy entiendo como sincronicidad. Desde este lugar de apertura, quiero compartirles el origen de lo que hoy celebramos.
El Origen de las Pascuas: Entre la Historia y el Dogma
El concepto de “Pascua” como lo conocemos surge tras el Concilio de Nicea en el año 325. En ese evento, Roma se proclamó sede universal del cristianismo y, para construir una narrativa sólida sobre Jesús, adoptó elementos de tradiciones mucho más antiguas. Se tomó la festividad judía del Pesach para establecer la fecha, pero la verdadera “magia” visual de esta época viene de más al norte.
Cuando Roma se expandió hacia las tierras de los pueblos celtas, se encontró con unespiritualidad profundamente arraigada a la tierra. El Papa Constantino, en un movimiento estratégico, ordenó transformar las festividades paganas en celebraciones cristianas para facilitar la conversión. Así, los antiguos símbolos de la naturaleza se vistieron con ropajes nuevos.
El Misticismo Celta: Ostara y Alban Eilir
Para los celtas, este momento del año era Alban Eilir (“Luz de la Tierra”) o la fiesta de Ostara, la diosa de la fertilidad y el renacer. Era el instante místico en que el día y la noche se equilibraban, marcando la victoria del Sol sobre el invierno.
Como nos imaginamos, La Liebre Sagrada no es un simple “conejo de chocolate”. La liebre era un animal sagrado asociado a la Luna y a la Diosa. Se creía que eran mensajeras del Annwn (el Otro Mundo) y representaban la abundancia que brota de repente. Los adultos soltaban liebres de sus granjas y preparaban platos especiales para honrar este ciclo
Mucho antes de ser un dulce, el huevo era un símbolo cosmogónico y era un poderoso símbolo, El Huevo del Mundo. Representando el potencial oculto: por fuera parece una piedra inerte (invierno), pero por dentro late la vida. Los niños celtas pintaban huevos de colores —el rojo era común por la energía vital— y los adultos los enterraban para que los pequeños los buscaran, simbolizando el hallazgo de la vida que renace de la tierra.
¿Pero… no estamos en otoño?
Si en este punto me decís: “Gaby, acá estamos iniciando el otoño”, tenés toda la razón. Por eso en el post anterior les hablo de Mabon, la celebración de la cosecha.
Al ser absorbidas por el calendario gregoriano, estas festividades perdieron su sentido original basado en los ciclos lunares y las estaciones. Pero aquí reside la verdadera sincronía:
Mientras en el Hemisferio Norte se honra el brote, el inicio del ciclo de vida (Equinoccio de Primavera), en el Hemisferio Sur agradecemos la cosecha y nos preparamos para guardar energía antes del invierno (Equinoccio de Otoño).
Siguiendo la armonía del universo, la energía se prepara en el Equinoccio y llega a su clímax tras la primera luna nueva en Aries. En septiembre para el sur y en marzo para el norte, el tránsito natural nos invita a mirar la tierra.
Al final, lo que importa es celebrar
Mi verdadera fe es en la vida. En casa, el conejo prepara mapas (a pedido de mis hijos) porque aman buscar y yo amo que busquen los huevos y otros símbolos que este año les ha ofrecido. Porque para cosechar, primero hay que cuidar y estar dispuestos a buscar y encontrar los resultados de la siembra.
Ya sea que estés viendo brotes (al norte del mundo) o guardando los frutos de tu cosecha (al sur), te invito a honrar este ciclo con gratitud.
Que la luz, la lluvia, el viento y la tierra te acompañen siempre para una nueva cosecha.
Gaby


